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Alguien llega sin anunciarse.
Y guiada sin saber por qué,
sin  saber a donde se dirige
y sin saber a qué agarrarse,
asolada por la duda se rige
y se pregunta  ¿Y ahora qué?
Solo sabe que llegará
allá donde el destino la lleve,
allá donde quiera encontrar
lo que busca y la conmueve.
Algo parecido a cuando llueve,
que a una tarde hace maldita,
que sin querer puede lograr
hacer a cualquiera llorar
o revivir a una flor marchita.
Tal vez busca un simple consejo,
algo quizás desconocido
y que te pueda ayudar.
Es como tú, que has venido
y en tu largo caminar,
por senderos que están lejos,
te sorprende otro  lugar.
Recorres sitios que dicen algo
a tu mente y a tu ser
que es como cuando cabalgo,
Que me llego estremecer.
Ese caballo obediente
que me lleva a donde quiero
y sin motivo aparente,
se detiene en el sendero.
Luego descubro asombrado
que motivo y causa había,
porque mirar ese prado
donde la hierba crecía,
eso no queda pagado
y es recuerdo y vida mía.
Vida que llego a entender,
otras veces al contrario,
no lo llego a comprender
y me salgo de mi horario.
Pero hasta eso a veces gusta
y solo sea por pensar,
que a todo el mundo le asusta
cuando empieza a navegar.
Navegar sin barco, sin mar, ni remos,
sin cruzar tierras ni mares,
sin evitar que crucemos
ni caminos ni olivares.
Sin pequeñas ni grandes olas,
aunque tenga un parecido
a un cometa con su cola
o a ese llanto de un nacido.
O a un temporal que asola
y que al pronto ya se ha ido.
Y pensarás en tu vida
cuando mires hacia el cielo
recordarás tu venida,
tu llegada y tu desvelo.
Porque si a tu paso decides
dejar de tu paso una huella,
aunque ocultes lo que mides,
 si eres frágil o si eres bella,
tendrás alguien que te admire,
aquel que observa tu huella.

(A ti, que al dejar huella, das paso a la inspiración)

Európides
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