Archivos de la categoría ‘Siempre te amé madre’

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Deseaba amarte y saber mucho más.
Quería tenerte cerca, a mi lado
y verte sonreír, verte contenta
siempre así, habría continuado,
con esa alegría que tú me das.
como un fiel y eterno aliado,
que conserva mirada atenta
a ese querer que me alimenta,
a tan gran amor desmesurado
Tu linda sonrisa la imagino sin verla,
exuberante, agradable, bonita.
Y tus dientes brillantes como perlas.
Tu mirada alegre, tierna e intensa.
Figuro en ti una presencia inmensa
e imagino tu pelo que el aire agita.
Puedo sentirte en cada momento,
como cuando late tu corazón,
pausado, suave y lento a veces.
Otras, más acelerado con creces
y acaba ese sosegado lamento.
Y siento que tengo la razón
de lo agradable que pareces.
Te conozco tan bien y tanto
que ahora te siento triste y caída.
Te noto fría, sin encanto,
como el hielo y abatida.
Ahora tengo que irme y dejarte,
sin ningún motivo y sin saber nada.
He pretendido siempre amarte,
hacerte feliz, acompañarte,
quise ser parte de tu morada.
Te daría todo y no sé que darte…
No podré darte un abrazo, ni un beso,
ni una simple sonrisa o  alegría,
solamente tendrás mi muerte y deceso,
nunca jamás sabrás como sería.
Eres tú mi salud, mi medicina
la que mi vida tendría que amar.
Ahora no hay cariño que darme,
para mi eras mi dulce golosina
pero has elegido matarme,
acortar mi vida y terminarla,
destruirme y despojarme,
pero no te sientas mi asesina,
difícil sería luego no amarme.
Pudiste verme crecer
como a otros tantos niños.
Pudiste llegarme a querer
y hasta darme tu cariño.
Podrías darme otro nido, otro hogar
Hubieras podido cambiarme o donarme.
Más adelante me podrías visitar
y hasta podrías la vida alegrarme…
 Pero ¿Quién soy yo para opinar?
Si no sé y sé que no valgo nada
y tú madre, me has dado la vida.
Eres tú madre, la que me anida.
Tú me la diste, tú me la puedes quitar
que sin quererme y sin estar ilusionada
¿Para qué nacer, qué te puedo dar?
Poco o nada  he aprendido,
me llevo tu tristeza y tu llanto.
Mejor que no haya nacido,
nada sé y ya nada siento.
Y aunque te quiera tanto
y solo te viera por dentro,
siempre te he conocido
y quiero acabar tu tormento.
¡Adiós madre, yo espero
que la vida te sonría!
Ahora te dejo y me muero.
Si vine en mal momento,
pido perdón, yo sí te quiero
y no sabía lo que hacía.
Pongo fin a tu lamento,
me despido en mi agonía…
¡Adiós madre y vida mía!
Európides
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