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Mi casera y yo (Capítulo V)

Publicado: 22 septiembre 2009 en Capítulo V, Mi casera y yo, Relato

Voy rápido para el ambulatorio, lo malo es que descalzo, dos kilómetros y medio cojo. Menos mal que sólo me corté un pie, así aprovecho y que me lo curen también, que me pica hasta el pelo…

Por fin llegué…

– Buenos días…

Que raro, la gente se aparta, ni que tuviera el sarampión… Y el recepcionista se tapa la nariz…

– Por favor salga afuera que enseguida le atiendo…

-Mire señor, pase a ese aseo y por favor, péguese una buena ducha, que mientras aviso para que le atiendan y le traigo algo de ropa limpia, un pijama.

-De acuerdo, gracias…

Que amable, así da gusto…

Ha habido suerte, esa inyección es mágica, me ha quitado los picores y me está desapareciendo el sarpullido. Lo que no entiendo es lo que me ha dicho el médico de que “aparte de en general ,que asco de pie también…”

Ahora viene lo peor, ir a ver a mi casera para que me dé una llave. Vamos Bailis, que en peores cosas te has visto je je.

– Buenos días, señora Encarna.

– ¡Valiente caradura! A ti tenía yo ganas de pillarte, mira por donde, que me debes ya seis meses, sinvergüenza. O me pagas ahora mismo o ya estás dejando inmediatamente el piso, que encima lo tienes hecho un asco…

– No se preocupe usted señora Encarna, si precisamente ayer venía a pagarle pero me robaron, mire, aquí tiene usted la denuncia para que vea que es verdad.

Si además ahora que tengo un buen trabajo… Trabajo en un banco y la gente está muy contenta conmigo, además, que estoy haciendo un trabajo que le hago publicidad al Carrefour. O sea, que no se preocupe que antes de final de mes le pago seguro.

Y llevo casi dos días sin dormir de la preocupación que tengo por no haberle pagado. Si no me hubieran robado…

Por cierto señora Encarna, que bien huele ese potaje que está haciendo y con el hambre que tengo, que llevo por lo mismo dos días sin probar bocado, que es que ni me entraba de la preocupación…

– Anda, venga siéntate ahí Lando, que te voy a traer un plato, pero a final de mes sin falta, ¿eh?

– No se preocupe usted, que con el trabajo tan bueno que tengo ahora, si hace falta hasta me dan un crédito y le pago enseguida…

(Uf, menos mal que se lo ha tragado…)

– Estaba buenísimo señora Encarna, lo que me está dando un sueño… En cuanto me de usted la llave me voy a dormir a casa.

– Tengo que ir a la otra casa a traerla, que no la tengo aquí. Échate una siesta si quieres en esa camita.

– Ah vale señora Encarna que buena y qué atenta es usted.

A las tres horas…

– Sí, sí, así, ohhh
Que bien he dormido y que sueño más erótico, ya echaba de menos una buena cama…

– Pero… ¿qué es esto?
– Pero… ¿qué hace señora Encarna? ¡Eso no se toca!

Estoy atado a la cama… ¿Y por qué echa la llave…?

– ¡Señora Encarnaaaaa!

– Dime cariño… Qué ganas tenía de que te despertaras… Ya verás lo bien que lo vamos a pasar…ji ji ji ji

¡ Ay madre, que esta vieja se va a cobrar en carne…!

¡ Que visión más espantosa…! Que asco de “estriptis”. Si le salen colgajos de todas partes… ¡Ay, Ay…!

– No, mire usted, que que que yo… yo… yo, no, no por favor señora Encarna… ¿A donde va con esa lengua fuera, no me irá a besarfgggg?

(Anda, ahora saca un consolador… Menos mal que se va a contentar ella sola y anda que es pequeño…)

– Mira Landito que juguetito he traído…

– Muy bonito señora Encarna.

– Me alegro de que te guste, es todo para ti…

– ¿Qué…? ¿Pero que dice usted? No señora Encarna no, eso no…

– ¡Ayyyyyyyyy!

Cinco horas más tarde…

Arf, arf, arf, (¡Esta vieja bruja no tiene fin, no se cansa la tía… Qué visión más espantosa… Hubiera preferido hasta al vagabundo…! Si hasta Carmen de Mairena es un “yogurín” a su lado… Y cómo me duele mi cucu…más que el pie…)

– Ay Landito que bien te has portado ji ji ji ji y lo que has disfrutado, ¡Bandido! Esto hay que repetirlo pero ahora mismo.

– Déme un respiro, arf arf, buff, que me tiene usted agotado… Pero señora Encarna…

Dos horas más tarde…

– Ahora ya si que lo hemos pasado bien Landito. ¡Y lo he grabado! Para que mañana lo veamos juntitos y nos sirva para excitarnos más…ji ji ji ji.

– Sí, que bien… Je je. (Ay Bailis, ya tienes otra misión, destruir las grabaciones antes de que salga a la luz, que ésta es capaz de enviarle copia a las amigas y a toda mi escalera… ¡Menudo problema…!)

– Mira Landito, por lo bien que te has portado te voy a perdonar por tardar en pagarme, pero vuelves mañana que te voy a hacer un cocido que te vas a chupar los dedos.

– Sí, pero deme usted la llave…

(No me vuelve a ver el pelo en veinte años… Ay que mal lo has pasado Bailis… Mi pobre cucu… Y como pinchaba con ese bigote… Y la lengua hasta la campanilla, ¡Ay que asco! ¡Y que no se entere nadie que me muero…!
Por lo menos he tenido suerte, que he dormido, he comido y ya está… A olvidarnos Bailis).

– Toma la llave bandido. Y mañana vente más prontito para que tengamos más tiempo para nosotros Landito, ji ji ji ji.

– Lo que usted diga señora Encarna, hasta mañana arfgg (Otra vez me ha pillado desprevenido, que asco de lengua…).

Adiós Landito.

Miedo me da de que la vieja bruja haga algo con la cámara y se la enseñe a alguien. Tendré que ir esta noche con sigilo a ver si me hago con ella antes de que le de por enseñarla por ahí que no me fío ni un pelo… Tendré que trazar un plan para hacerme con la cámara como sea…

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El sueño (Capítulo I)

Publicado: 12 diciembre 2008 en Capítulo I, El sueño, Inicio, Relato

Hacía tiempo que no me pasaba, pero volvió a suceder.

No tenía salida, resbalé y caí por aquel precipicio…

Lo último que recuerdo fue un pequeño ruido, un golpe y el último latido de mi corazón.

De pronto ante mi, un haz de luz circular a modo de túnel parecía atraerme con tanta fuerza, que cuando me di cuenta ya estaba en él.

Esa luz cada vez más blanca y poderosa empezó a desaparecer lentamente hasta que me vi en un lugar hasta entonces desconocido para mi.

Oí una voz que decía… “A por él.”

Sentí miedo y quise huir, salí corriendo, tropecé y me caí.

Justo en ese momento desperté, me había caído de la cama, todo era un sueño…

Seguro que me di con el pico de la mesita de noche, porque me dolía y noté un poco de hinchazón en la frente.

Me levanté dolorido del suelo y fui hacia el baño.

Algo me hacía pensar que hoy iba a ser mi día de suerte.

– Vaya, no hay luz…

A oscuras abrí el grifo del lavabo y un fino hilo de agua acabó por terminar goteando.

– ¡Dita sea…!

Para mi suerte, hoy no tenía que ir a trabajar.

Bueno, para no mentir, ni hoy, ni mañana ni pasado, ni al otro, no tenía trabajo desde hace un año y pico largo, el mismo tiempo que hace que me abandonó mi mujer, que encima no me deja ver a mis hijos, pero eso es comprensible, porque no tuvimos.

Dos años atrás nos casamos de penalti y a los 20 días me dice que quiere abortar…

Aunque para aborto ella. Había que mirarla dos veces para intentar comprender como es posible que algunos padres se esmeren tan poco y lo hagan tan mal, pero vamos, ni haciendo hincapié sale una cosa tan fea…

¡Que malo es el alcohol, que te hace en la noche ver otras cosas!

Si parecía de noche un bomboncete y resultó ser una porra de churro. No bebáis…

– ¡Pues hala, tú misma…!

Lo único que hicimos bien fue la hipoteca, la firmamos enseguida , los del banco quedaron contentos y también incluímos dentro los muebles y un prestamo que teníamos del coche y de la moto.

La moto no duró mucho, duró dos curvas, pero tuve suerte de estrellarme contra el lateral de mi coche. Si me llego a estrellar contra otro, me hubiera tocado pagar.

Desde entonces ahí lo tengo en la calle tapado con plásticos porque le entra agua cuando llueve al faltarle los cristales y los niños pinchan los plásticos jugando, y se cuelan dentro como si fuera una cabaña, por lo que siempre que llueve le entra agua.

Y le han robado algunas cosas, el volante, el salpicadero, la palanca de cambios, un asiento, la batería, el radiador. Vamos, que del motor no queda mucho, algún cable que otro…

Si algún día lo arreglo lo dejo nuevo, pero me piden casi lo que me costó y la verdad es que está hecho “un ocho”. No sé, pero la cosa es para pensarlo, ya veremos…

Y sólo me rompí una pierna y me fracturé dos costillas, o sea, que mucha suerte tuve. Al menos eso me dijo un médico una y otra vez cada mañana de las tres semanas que me tiré en el hospital.

Lo bueno cuando te pasa una cosa de estas, es que te visitan los amigos, tu familia, los médicos, las enfermeras, las de la limpieza… Aunque estos últimos mucho más y el resto casi nada, bueno nunca.

Se me vino la crisis encima y adios trabajo, aunque ya estaba harto del jefe, siempre echándome en cara que si llegaba tarde, que por qué no fui ayer, que a ver cuando me pilla trabajando, que si mi diarrea es perpetua porque voy al aseo 20 ó 30 veces al día…

A mi que no me digan, eso es que me tenía manía o algo…

Yo me repetía “Lando, mejor para ti, que le zurzan al payaso este que no deja trabajar”, porque me llamo Lando, Orlando, aunque mis padres me llamaban Bailis de pequeño. Decían que estaba muy gracioso y que me gustaba bailar en la playa.

Lo que no decían es que levantaba los pies de lo que quemaba la arena en pleno mes de Julio. ¡Como para no bailar…!

En fin, sigamos…

– ¡Ayyyyy!

– ¡Vaya caca de maquinilla de afeitar, no me duran nada!

Bueno, esta cuchilla la tengo ya varios meses, casi no afeita y pega cada tajo, que me estoy haciendo un Cristo y así en seco, demasiado bien va…

Pero no pasa nada, un poco de papel higiénico y corta la sangre.

– Vaya, no tengo papel, tampoco pasa nada, hala, con publicidad del Carrefour, total, son cinco o seis cortecitos de nada…

– Ahora un buen desayuno y a empezar bien el día…

El banco (Capítulo II)

Publicado: 10 diciembre 2008 en Capítulo II, El banco, Relato

– Ahora un buen desayuno y a empezar bien el día…

– ¡Puaggg, qué mal huele esta nevera…! Claro, una semana sin luz… Y ni gota de agua en el fregadero, ni en la ducha. La cortan y ni te avisan…

La leche huele fatal, está agria, lástima que sea el último cartón. Al final voy a tener que tomar una seria decisión, una semana de estas limpiaré la nevera o la tiro directamente al contenedor. Mejor será que me tome un café en el bar de la esquina.

Pantalón vaquero y camisa finita, aunque está que da pena porque me tumbé encima sin darme cuenta y está más arrugada que “la Molina”, pero camisa finita llevo, que no veas como “pega aquí la solana”, lo menos 40 grados. Sin problemas, me llevo una gorra y mis gafas de sol, que se me cayeron. y tiene el cristal astillado, pero si no veo por un sitio, veo por otro. Hasta por encima de las gafas puedo mirar. El que tiene problemas es porque quiere.

Menos mal que guardo unas monedas en un calcetín viejo, porque estoy “deseurado”.

Antes de entrar al bar, voy a sentarme en ese banquito y cuento lo que tengo…

Aquí sentado da la sombrita, pero vaya dolor que tengo en la mano izquierda, no la puedo abrir bien, será de la caída de esta mañana.

Vamos a ver, que todo es calderilla, pero los céntimos también valen. Diez y dos doce, más cinco diecisiete.

– Tenga buen hombre…

Un euro, me ha dado un euro…

Pero ¿que se cree esa señora, que soy un muerto de hambre?

– Tenga…

Anda, ahora este tío treinta céntimos, seguro que es porque llevo la camisa arrugada o quien sabe, por la propaganda que llevo en la cara del Carrefour, con tanto corte…

– Tome… (60 céntimos)

Y eso que ni me he puesto un cartel que diga “Parado”, pero claro, al ver la mano hinchada medio abierta con moneditas… Mañana me traigo un plato que viste más.

Mira que nunca lo he hecho, pero como voy medio camuflado con las gafas y la gorra, nadie me conoce…

– Hola Bailis

Hola Manolete. (Este tío pasa droga hasta por debajo de las puertas)

– Bailis campeón…

Adios Pepillo.(34 años, estudiante, vive con sus padres).

– Que bien vives Lando…

Hasta luego Siso. (Menudo es el Siso, que en realidad se llama Narciso, pero como le hace la compra a su abuela, le sisa todo lo que puede y se queda con la mitad de los cambios. Lo mismo le pasó cuando trabajaba de camarero, que se guardaba los euros a pares. Vamos, que le sisa a todo el mundo, de ahí lo de Siso).

¡Vaya…, pues sí que me conocen…!

– Tome… (50 céntimos)

– Tenga… (1 “euraco”)

Que Dios se lo pague…

No, si al final voy a ganar más aquí sentado que trabajando o en el paro…

Pues mañana repito, que ya estoy cansado de tanto banco, me voy al bar a ver si le echo algo al cuerpo, que me lo he ganado.

– ¡Mierda! ¡Y de perro además la que he pisado, vamos, que recién sacada y pastosita!

Si parece de elefante… Pues hala, al banquito otra vez a quitarme toda la mierda esta del zapato y del pantalón. y apesta que tira para atrás. Aunque dicen que trae suerte, será no pisarla o pisar una pequeña…

Con lo poco que cuesta coger un trozo de papel higiénico y tirarla a la basura, pero claro si no tienes como yo en casa, pues la dejas. Además como coges una plasta de esas con caldito y todo…

– Tenga… (65 céntimos)

– Gracias señora…

Y eso que he parado de dar pena. Esto promete… Me voy para el bar pero con mil ojos, que dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma mierda, o algo así…

– Hola Manuel

– Hola Bailis ¿Coleccionas cromos o te ha pillado un camión? jajajajaja.

– Mañana te lo cuento, anda ponme media tostada con mantequilla y un café con leche, que voy al aseo…

El bar está asqueroso, pero el aseo, parece que esté prohibido mear dentro, porque entrar te da la impresión de estar en los lagos de los mares del sur, pero con un pestazo que ni te atreves a tocar el pestillo de la puerta por si te quedas pegado. Pero al menos hay agua y espejo, no hay espejo, un espejito que parece que de tanto usarlo, cuesta hasta verse.

¡Ahí va, que todavía tengo pegados los papeles del carrefour!

Bueno, a mear y a lavarnos la cara. Luego a por el bañador, la toalla y a la playa a relajarme un rato…

– ¡Lo sabía, lo sabía..!

Nada más ver la tostada con mantequilla, con lo buena que estaba y mira a donde ha ido a parar, al suelo. La culpa es de esta mano tonta, que con el golpe de esta mañana ni me la siento…

A ver si ha habido suerte…

Pues no, con la mantequilla para abajo, con la de mierda que tiene el bar, por mucho que sople se ha quedado gris…

¡Dita sea! casi todo el café con leche tirado al ir a coger la tostada, la camisa, los pantalones, los zapatos, todo lleno… Y estaba hirviendo…

Lo dicho, me cambio y para la playita.

La playa (Capítulo III)

Publicado: 10 diciembre 2008 en Capítulo III, La playa, Relato

Lo dicho, me cambio y para la playita.

Cuanta gente hay en mi portal, habrá reunión de vecinos… Y están hasta los bomberos, alguno vivirá en mi portería y han venido a recogerlo.

– ¿Pero que has hecho desgraciado…?

– Que poca cabeza… Ese es el que se ha dejado los grifos abiertos.

¡Ahí va, madre mía! Como se ha puesto todo de agua. Las escaleras parecen las cataratas del Niágara…

Y mi casa, dos palmos de agua… Menos mal que no lo ha visto mi casera, que le debo cinco meses a la vieja fea y gorda esa. Hace más de tres meses que le dije “mañana le pago” y desde entonces viene a buscarme todos los días, es una pesada…

– Muchas gracias vecinos por ayudarme, si no es por vosotros no acabo nunca con el agua.

Los que viven debajo mía son los que más han ayudado y eso que en su casa parecía que estaba lloviendo.

– ¡Lando! !Lando que sé que estás ahí…!

¡ Dita sea, mi casera se ha metido hasta el salón! Yo me largo antes de que me vea…

Si es que tengo una suerte…, ni me ha visto… Y encima llevo la toalla de secar el suelo. Si todo me sale bien últimamente. ¡A la playa…!

Espero que no se note mucho de llevar calzoncillos a llevar bañador y este tanga que llevo es moderno.

Ya hemos llegado, estiro la toalla y en diez minutos seca…

– ¡Mamá, mamá, a ese hombre se le ve el culo peludo.

¡Vaya con el niñito, ya podía fijarse en las olitas, que me está mirando toda la gente…!

Ni caso, Lando, vámonos al agua, un bañito rápido y cuando vuelva no se nota que está la toalla mojada, más fresquito…

¡Que buena estaba el agua! Ahora una siesta y luego me compro una barra de pan y me hago un bocadillo que va a ser la envidia de España.

– Toc, toc, toc, toc, toc… toc, toc, toc

Y esta parejita, ya podían irse a otro sitio a jugar con la paletas, a dos metros los tengo…

Y este niño, mojado que estoy venga a correr y me está poniendo de arena hasta la coronilla y la madre se ríe.

– ¡HAY PAPA CACAPIPI OIGA!… ¡HAY PAPA CACAPIPI OIGA!… ¡CERVECITA, COCA COLA FRESQUITA!

Hala, a grito pelado, patatas, cacahuetes y pipas… A ver si lo vende todo y se larga por ahí…

(Cinco horas más tarde…)

¡Que siesta más buena que me he pegado, pero que calor… Me he puesto como un tomate, me he quemado hasta la médula, me pego otro bañito que no aguanto…!

¡Que buena estaba…!

– Mira mamá, el hombre del culo peludo parece un centollo.

Que simpático el niñito…

– Señora, perdone… ¿Ha visto usted mis cosas? Lo tenía todo puesto aquí, mi ropa, mi toalla…

– Pues no he visto nada, como estaba jugando con el niño…

¡Ay, madre mía, que me han robado…! La ropa, la toalla, los zapatos, las llaves, el carné, mi dinero…

Se han llevado hasta mi móvil roto que parece que hablo, que no vale para nada, pero que eso de hablar por teléfono “viste mucho”…

Si nada más que llevo el tanga…

A ver que me pongo, como quema la arena Bailis… Mira que suerte, una esterilla rota, pero no veas como apesta, esta tiene que ser del chino o que se ha cagado un chiquillo… Pero me la llevo.

Como quema la acera…

¡Ay! Una colilla encendida, como escuece, mira que pisarla… En medio de la planta del pie.

Mañana pongo una denuncia, que ya es muy tarde, a casita, sólo son cuatro kilómetros, lo malo es que no puedo apoyar el pie…

(A mitad de camino…).

Llevo los pies en carne viva, a ver si llego…

¡Anda, la policía…!

– ¡PÁRESE USTED AHÍ, LAS MANOS A LA CABEZA!

– ¿No le da vergüenza ir así por la calle? Documentación…

– “Tenemos un diez once… Individuo sospechoso indocumentado, que trasladamos a comisaría, cambio”

(Tres horas más tarde…).

Bueno, ya está hecha la denuncia y menos mal que me ha identificado un amigo. Relojero le llamamos, porque tiene muchos tic como los relojes y lo mismo te guiña un ojo, que parece que está silbando o se atranca hablando y termina de decir una palabra mañana.

Anda que han dicho de acompañarme a casa y con la esterilla, parezco una bailarina de la tribu de los indios Yanomamos…

– ¡Ay mi pie..! ¡Un cristal de botella y de pico, hasta el hueso… Ay!

¡Como sangra esto…! Menos mal que ya estoy cerca de mi casa… A golpe de talón, que si apoyo no veas como duele… Y en el otro la quemadura de la colilla… Ahora entiendo lo de la suerte de pisar una mierda de perro, cuanto más grande mejor, más blandita.

¡Anda las llaves, que no tengo llaves!

Me va a tocar dormir en mi coche, total por una noche…

¿Pero esto que es?

– ¡Oiga! ¿Que hace usted en mi coche?

– Yo lo he visto primero, a ver los papeles del coche…, si no los tiene no me voy de aquí…

– Pues déjeme un lado hombre, que mire usted como voy…

– Venga, pasa…

– Pues déjeme un lado hombre, que mire usted como voy…

– Venga, pasa…

– Pero cuidado no pises una de mis…

– ¡Auuuu!

– …trampas para ratones.

– Ufff, ¡madre mía que dolor… Me ha pillado el dedo gordo… Con el que apoyaba el pie…!

(Y la peste que echa este tío… Pero al menos duermo bajo techo y en mi coche, es una suerte…).

– ¿Y como es que vas casi en pelotas muchacho?

– Es muy largo de contar, pero es que me han robado…

– Ah bueno, pues ponte esto si quieres…

(Como apesta esta ropa a podrido, pero más vale algo que nada, para salir del paso…).

– Esa ropa la llevé cerca de dos años, pero como me vomito un amigo, el Ambrosio, antes de morir, pues me la quite y ahí la tengo desde entonces. Sabía que alguna ver haría falta.

(Puagg, que asco, no sé si quedarme en pelotas, pero cualquiera se fía de este vagabundo, que me miraba de una forma sexual muy rara… Me la dejo puesta, que más vale prevenir).

– Que bocadillo más bueno que se está comiendo usted…

– Riquísimo, de jamón, pero ya no tengo más, este se lo ha dejado un niño cinco segundos olvidado y yo me lo he encontrado, je, je, je. ´

– ¿Es que tienes hambre?

– Mucha, llevo todo el día sin comer, como me han robado…

– Si quieres ahí tengo unos yogures, que a mi no me van mucho…

– Pues a mi me encantan, muchas gracias.

– Toma también esta cuchara y échales azúcar, que estarán más buenos, cómetelos todos si quieres….

(Pues estos deben de ser naturales o griegos de esos del anuncio de la tele, pues nada más azúcar.
Lo raro es que tienen tropezones como de fruta, aunque eso sí un poquito agrios para mi gusto).

– ¿Qué, están buenos?

– Buenísimos. Y más con el hambre que tenía…

– Pues fíjate que los tengo ahí y no me llaman la atención. Precisamente me los dio el Ambrosio
hace ya más de dos años…

– Pero… ¿No me diga que están caducados? Déjeme un mechero.

– Caduca en enero… A ver…, el 08/01/2006. ¡Tres años y medio caducados! ¡Ahí va, pero si están verdes! ¡Y me he comido seis…! Espero que no me sienten mal… Bueno, voy a aprovechar para dormir, que hoy ha sido un día largo y con muchas sorpresas…

– ¡GROOOOCFFFF FIUUUUU, GROOOOCFFFF FIUUUUU, GROOOOCFFFF FIUUUUU…!

( Que manera de roncar la del tío este, si el león de la Metro-Goldwyn-Mayer se queda corto a su lado,… Cualquiera puede dormir…) Y me están subiendo unos eructos agrios que me están revolviendo las tripas. Mira que no darme cuenta de lo de la fecha de caducidad de los yogures…).

– ¡GROOOOCFFFF FIUUUUU, GROOOOCFFFF FIUUUUU, GROOOOCFFFF FIUUUUU…!

Al rato…

¡Uy que dolor de barriga que me está dando… Que pinchazos!
¡Ay. Ay. Creo que voy a vomitar…

¡Bururbururbururguarfff…Bururbururbururguarfff…Bururguarfff…Bururguarfff…!

– ¡Ay! Qué a gusto me he quedado… He tirado hasta la hiel… Pero me he quedado nuevo. Si no fuera por este sudor frío que me ha dado y por estos picores que me están entrando… Debe de ser de la ropa esta. A ver si mañana voy a ver a mi casera y le pido una llave, pero cualquiera le pide algo, con la de meses que le debo. Bueno, ya me inventaré algo, que Bailis, siempre tiene recursos para todo.

Debe de estar amaneciendo, qué picores, maldita ropa. Voy a pegar una cabezadita aquí apoyado en la rueda. Vaya, si le han robado las ruedas también… es igual, me apoyo en el parachoques, que cualquiera entra ahí dentro con lo que ronca el abuelo…

A las siete…

– Pero muchacho, ¿qué te ha pasado en la cara y en los brazos?

– Voy a mirarme en el espejo… ¡Ahí va, si parece sarampión…Todo el cuerpo lleno…!

– Me voy a urgencias antes de que me vaya a más…

– Eso han sido los yogures ¡Ay! o la ropa ¡Ay!

– Adiós y gracias por cuidarme tan bien el coche.

– De nada muchacho, para eso estamos los colegas je, je, je. Vuelve cuando quieras, que tengo más yogures de esos que te gustan…

Voy rápido para el ambulatorio, lo malo es que descalzo dos kilómetros y medio cojo. Menos mal que sólo me corté un pie, así aprovecho y que me lo curen también.