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Hoy siento un agradable sabor a ti
y tú lejos, sigues sin saberlo.
Quizás, no imagines nada…
Apenas sé nada de ti.
Ni si estás enamorada
o si tu vida está partida.
No estoy a tu lado para verlo.
Quizá no pierda nada
o pierda el encanto de tu vida.
Lo que daría para tenerlo…

Tal vez la magia del amor,
esa magia que todo lo puede,
haya hecho mella en mi
o haga que sienta ese dolor,
que me embarga y no me agrede,
desde que esa imagen tuya vi.

Una imagen es más que suficiente
para acertar como puedes ser.
Ahora te imagino entre tu gente
o en la calle, sin que te pueda ver.
Pero puedo muy cerca sentirte,
a todas horas puedo imaginarte
y todavía no puedo decirte,
que mi ilusión sería amarte,
para más adelante quererte.

Me das mucho sin darme nada,
un trozo o una parte de tu vida.
Y de esa imagen la mirada,
dulce y suave, plácida y atrevida
que llega como sangre fluida
hasta mi lecho y mi almohada
como experiencia compartida
de ser mi amante y mi amada.

Tu mar, no es mi mar
y hasta mi llegan las olas
llenas de pureza y encanto.
Claras, frescas y espumosas.
Mi mar, es tu mar
y hasta ti llegan mis olas,
llenas de amor y sin llanto,
sin lágrimas y clamorosas.

¿Qué más me darás si de mi nada tienes?
¿Qué te puedo yo ofrecer que tu no tengas?
Pídeme lo que quieras, todos mis bienes
que al amor no hay nada que lo detenga.

Pídeme la luna, el cielo o los mares,
una muestra de cariño o de fervor.
Pídeme el más bello de los lugares
o pídeme que te regale mi amor.

Mi mar, es tu mar.
Nunca estarás sola.
Tu rostro en la playa brilla
y siempre te llega mi ola.
Tu mar, no es mi mar
y la pena que me asola,
es que sin dejar de remar,
jamás llegaré a tu orilla,
jamás me llegará tu ola.
Európides
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