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El sueño (Capítulo I)

Publicado: 12 diciembre 2008 en Capítulo I, El sueño, Inicio, Relato

Hacía tiempo que no me pasaba, pero volvió a suceder.

No tenía salida, resbalé y caí por aquel precipicio…

Lo último que recuerdo fue un pequeño ruido, un golpe y el último latido de mi corazón.

De pronto ante mi, un haz de luz circular a modo de túnel parecía atraerme con tanta fuerza, que cuando me di cuenta ya estaba en él.

Esa luz cada vez más blanca y poderosa empezó a desaparecer lentamente hasta que me vi en un lugar hasta entonces desconocido para mi.

Oí una voz que decía… “A por él.”

Sentí miedo y quise huir, salí corriendo, tropecé y me caí.

Justo en ese momento desperté, me había caído de la cama, todo era un sueño…

Seguro que me di con el pico de la mesita de noche, porque me dolía y noté un poco de hinchazón en la frente.

Me levanté dolorido del suelo y fui hacia el baño.

Algo me hacía pensar que hoy iba a ser mi día de suerte.

– Vaya, no hay luz…

A oscuras abrí el grifo del lavabo y un fino hilo de agua acabó por terminar goteando.

– ¡Dita sea…!

Para mi suerte, hoy no tenía que ir a trabajar.

Bueno, para no mentir, ni hoy, ni mañana ni pasado, ni al otro, no tenía trabajo desde hace un año y pico largo, el mismo tiempo que hace que me abandonó mi mujer, que encima no me deja ver a mis hijos, pero eso es comprensible, porque no tuvimos.

Dos años atrás nos casamos de penalti y a los 20 días me dice que quiere abortar…

Aunque para aborto ella. Había que mirarla dos veces para intentar comprender como es posible que algunos padres se esmeren tan poco y lo hagan tan mal, pero vamos, ni haciendo hincapié sale una cosa tan fea…

¡Que malo es el alcohol, que te hace en la noche ver otras cosas!

Si parecía de noche un bomboncete y resultó ser una porra de churro. No bebáis…

– ¡Pues hala, tú misma…!

Lo único que hicimos bien fue la hipoteca, la firmamos enseguida , los del banco quedaron contentos y también incluímos dentro los muebles y un prestamo que teníamos del coche y de la moto.

La moto no duró mucho, duró dos curvas, pero tuve suerte de estrellarme contra el lateral de mi coche. Si me llego a estrellar contra otro, me hubiera tocado pagar.

Desde entonces ahí lo tengo en la calle tapado con plásticos porque le entra agua cuando llueve al faltarle los cristales y los niños pinchan los plásticos jugando, y se cuelan dentro como si fuera una cabaña, por lo que siempre que llueve le entra agua.

Y le han robado algunas cosas, el volante, el salpicadero, la palanca de cambios, un asiento, la batería, el radiador. Vamos, que del motor no queda mucho, algún cable que otro…

Si algún día lo arreglo lo dejo nuevo, pero me piden casi lo que me costó y la verdad es que está hecho “un ocho”. No sé, pero la cosa es para pensarlo, ya veremos…

Y sólo me rompí una pierna y me fracturé dos costillas, o sea, que mucha suerte tuve. Al menos eso me dijo un médico una y otra vez cada mañana de las tres semanas que me tiré en el hospital.

Lo bueno cuando te pasa una cosa de estas, es que te visitan los amigos, tu familia, los médicos, las enfermeras, las de la limpieza… Aunque estos últimos mucho más y el resto casi nada, bueno nunca.

Se me vino la crisis encima y adios trabajo, aunque ya estaba harto del jefe, siempre echándome en cara que si llegaba tarde, que por qué no fui ayer, que a ver cuando me pilla trabajando, que si mi diarrea es perpetua porque voy al aseo 20 ó 30 veces al día…

A mi que no me digan, eso es que me tenía manía o algo…

Yo me repetía “Lando, mejor para ti, que le zurzan al payaso este que no deja trabajar”, porque me llamo Lando, Orlando, aunque mis padres me llamaban Bailis de pequeño. Decían que estaba muy gracioso y que me gustaba bailar en la playa.

Lo que no decían es que levantaba los pies de lo que quemaba la arena en pleno mes de Julio. ¡Como para no bailar…!

En fin, sigamos…

– ¡Ayyyyy!

– ¡Vaya caca de maquinilla de afeitar, no me duran nada!

Bueno, esta cuchilla la tengo ya varios meses, casi no afeita y pega cada tajo, que me estoy haciendo un Cristo y así en seco, demasiado bien va…

Pero no pasa nada, un poco de papel higiénico y corta la sangre.

– Vaya, no tengo papel, tampoco pasa nada, hala, con publicidad del Carrefour, total, son cinco o seis cortecitos de nada…

– Ahora un buen desayuno y a empezar bien el día…