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El banco (Capítulo II)

Publicado: 10 diciembre 2008 en Capítulo II, El banco, Relato

– Ahora un buen desayuno y a empezar bien el día…

– ¡Puaggg, qué mal huele esta nevera…! Claro, una semana sin luz… Y ni gota de agua en el fregadero, ni en la ducha. La cortan y ni te avisan…

La leche huele fatal, está agria, lástima que sea el último cartón. Al final voy a tener que tomar una seria decisión, una semana de estas limpiaré la nevera o la tiro directamente al contenedor. Mejor será que me tome un café en el bar de la esquina.

Pantalón vaquero y camisa finita, aunque está que da pena porque me tumbé encima sin darme cuenta y está más arrugada que “la Molina”, pero camisa finita llevo, que no veas como “pega aquí la solana”, lo menos 40 grados. Sin problemas, me llevo una gorra y mis gafas de sol, que se me cayeron. y tiene el cristal astillado, pero si no veo por un sitio, veo por otro. Hasta por encima de las gafas puedo mirar. El que tiene problemas es porque quiere.

Menos mal que guardo unas monedas en un calcetín viejo, porque estoy “deseurado”.

Antes de entrar al bar, voy a sentarme en ese banquito y cuento lo que tengo…

Aquí sentado da la sombrita, pero vaya dolor que tengo en la mano izquierda, no la puedo abrir bien, será de la caída de esta mañana.

Vamos a ver, que todo es calderilla, pero los céntimos también valen. Diez y dos doce, más cinco diecisiete.

– Tenga buen hombre…

Un euro, me ha dado un euro…

Pero ¿que se cree esa señora, que soy un muerto de hambre?

– Tenga…

Anda, ahora este tío treinta céntimos, seguro que es porque llevo la camisa arrugada o quien sabe, por la propaganda que llevo en la cara del Carrefour, con tanto corte…

– Tome… (60 céntimos)

Y eso que ni me he puesto un cartel que diga “Parado”, pero claro, al ver la mano hinchada medio abierta con moneditas… Mañana me traigo un plato que viste más.

Mira que nunca lo he hecho, pero como voy medio camuflado con las gafas y la gorra, nadie me conoce…

– Hola Bailis

Hola Manolete. (Este tío pasa droga hasta por debajo de las puertas)

– Bailis campeón…

Adios Pepillo.(34 años, estudiante, vive con sus padres).

– Que bien vives Lando…

Hasta luego Siso. (Menudo es el Siso, que en realidad se llama Narciso, pero como le hace la compra a su abuela, le sisa todo lo que puede y se queda con la mitad de los cambios. Lo mismo le pasó cuando trabajaba de camarero, que se guardaba los euros a pares. Vamos, que le sisa a todo el mundo, de ahí lo de Siso).

¡Vaya…, pues sí que me conocen…!

– Tome… (50 céntimos)

– Tenga… (1 “euraco”)

Que Dios se lo pague…

No, si al final voy a ganar más aquí sentado que trabajando o en el paro…

Pues mañana repito, que ya estoy cansado de tanto banco, me voy al bar a ver si le echo algo al cuerpo, que me lo he ganado.

– ¡Mierda! ¡Y de perro además la que he pisado, vamos, que recién sacada y pastosita!

Si parece de elefante… Pues hala, al banquito otra vez a quitarme toda la mierda esta del zapato y del pantalón. y apesta que tira para atrás. Aunque dicen que trae suerte, será no pisarla o pisar una pequeña…

Con lo poco que cuesta coger un trozo de papel higiénico y tirarla a la basura, pero claro si no tienes como yo en casa, pues la dejas. Además como coges una plasta de esas con caldito y todo…

– Tenga… (65 céntimos)

– Gracias señora…

Y eso que he parado de dar pena. Esto promete… Me voy para el bar pero con mil ojos, que dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma mierda, o algo así…

– Hola Manuel

– Hola Bailis ¿Coleccionas cromos o te ha pillado un camión? jajajajaja.

– Mañana te lo cuento, anda ponme media tostada con mantequilla y un café con leche, que voy al aseo…

El bar está asqueroso, pero el aseo, parece que esté prohibido mear dentro, porque entrar te da la impresión de estar en los lagos de los mares del sur, pero con un pestazo que ni te atreves a tocar el pestillo de la puerta por si te quedas pegado. Pero al menos hay agua y espejo, no hay espejo, un espejito que parece que de tanto usarlo, cuesta hasta verse.

¡Ahí va, que todavía tengo pegados los papeles del carrefour!

Bueno, a mear y a lavarnos la cara. Luego a por el bañador, la toalla y a la playa a relajarme un rato…

– ¡Lo sabía, lo sabía..!

Nada más ver la tostada con mantequilla, con lo buena que estaba y mira a donde ha ido a parar, al suelo. La culpa es de esta mano tonta, que con el golpe de esta mañana ni me la siento…

A ver si ha habido suerte…

Pues no, con la mantequilla para abajo, con la de mierda que tiene el bar, por mucho que sople se ha quedado gris…

¡Dita sea! casi todo el café con leche tirado al ir a coger la tostada, la camisa, los pantalones, los zapatos, todo lleno… Y estaba hirviendo…

Lo dicho, me cambio y para la playita.